Imagen captada por un dron muestra la magnitud de la destrucción provocada en las zonas cercanas al puerto de Beirut.
Dron muestran la magnitud de la destrucción provocada en las zonas cercanas al puerto de Beirut por las explosiones ocurridas el 4 de agosto en el puerto de la capital libanesa.
Las explosiones provocaron alrededor de 200 fallecidos, más de 6.000 heridos y dejaron a unas 300.000 personas sin hogar.

Fue tan intensa que la explosión se sintió al menos a 240 kilómetros de distancia, en Chipre.
Según el gobierno libanés, la fuente de la explosión fueron 2750 toneladas de nitrato de amonio, un químico explosivo usado a menudo como fertilizante y, a veces, en bombas.
Este químico se guardó en un almacén del puerto después de ser confiscado en 2014 de un barco abandonado de propiedad rusa.
En los años siguientes, según muestran los registros judiciales, altos funcionarios de aduanas intentaron, sin éxito, obtener el permiso de la corte para eliminar el peligroso arsenal vía donación al Ejército libanés o vendiéndolo a la Compañía Libanesa de Explosivos, de propiedad privada.
Dos semanas después del desastre, las imágenes muestran un desolador panorama en el vecindario de Gemmayzeh, donde se aprecian casas y edificios destruidos y abandonados a consecuencia de los potentes estallidos.


